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El amianto es un producto prohibido en España y Europa desde hace años. Es altamente nocivo para la salud, siendo el principal causante de cáncer por motivos laborales.

¿Donde está el amianto? A continuación te explicamos cuáles son las principales fuentes de exposición al amianto.

Laboral

Es la fuente de exposición al amianto más importante y a la que se ha prestado mayor atención.

En nuestro país, el amianto se ha incorporado sobre todo al fibrocemento, los productos textiles, los barcos y vagones de tren y metro, multitud de edificios, los frenos y embragues de automoción, los aislamientos térmicos, las pinturas ignífugas y los filtros de medicamentos, entre otros.

Los trabajadores involucrados en la fabricación de estos productos, así como los instaladores y los reparadores presentan un evidente riesgo de exposición.

Dado el gran número de trabajadores afectados, cabe mencionar también el uso del amianto como aislante en la construcción, tanto en forma de fibras puras, como proyectado, en mortero,
forros de conducciones, trenzado o en placas.

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El uso de crocidolita está prohibido en España desde el año 1984, mientras que el del crisotilo se permitió hasta finales de 2002.

Las personas más expuestas en la actualidad son aquéllas que trabajan manipulando estructuras en las que previamente, al ser construidas, se incorporó amianto.

En el caso de la construcción, los trabajadores que reparan estructuras con amianto deterioradas y los trabajadores involucrados en demoliciones de edificios con amianto
son los más expuestos.

La exposición laboral al amianto puede ser directa, en los casos en que el trabajador inhala el polvo de amianto durante su manipulación, o indirecta, cuando se inhalan fibras de amianto, generadas a una cierta distancia por actividades laborales o desprendidas de estructuras cercanas.

 

Doméstica

Se produce por el hecho de que el amianto ha sido incorporado a utensilios de uso doméstico.

En concreto, pueden contener amianto las estufas de placas térmicas, los fogones con resistencias eléctricas y las estufas eléctricas, las tostadoras de pan, la calefacción de gas y de electricidad, las fundas de planchado, los secadores de pelo y los guantes antitérmicos y, en general, las placas aislantes.

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Es ya clásica la descripción de los mesoteliomas malignos que contraían las esposas de los mineros del amianto al manipular la ropa de sus maridos, actividad en la que se desprendía una considerable cantidad de polvo de amianto.

 

Ambiental

El amianto se encuentra de forma natural incorporado en las formaciones rocosas en diversos lugares del mundo.

Se han detectado niveles de amianto en aire que oscilan entre 0.001 y 1 fibra/ml en distintas localizaciones, como en California, el macizo del Montblanc, en la vecindad de minas de amianto, o de plantas de fibrocemento.

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En las ciudades existe una concentración de fibras de amianto en aire, cuya media se sitúa en 360.0005 fibras/ml. Estas fibras se cree que provienen en su mayor parte de la demolición de edificios y del uso de los frenos de automóviles. Un caso no muy lejano y dramático es el de la caída de las Torres Gemelas de Nueva York.

Estas torres, en cuya mayor parte se había incorporado amianto, generaron al desplomarse una gran cantidad de fibras de amianto, de consecuencias imprevisibles para la ciudadanía.

 

En el interior de los edificios

Ha sido objeto de debate el hecho de si las personas que viven en edificios que contienen amianto pueden sufrir enfermedades debidas a la exposición a este silicato.

En Estados Unidos y en algunos países europeos se ha procedido al desamiantaje de edificios de forma precipitada ante la alarma social que se generó. En estudios posteriores se ha demostrado
que en general los niveles de fibras de amianto en el interior de estos edificios están por debajo de los niveles permisibles, y que las personas que viven allí difícilmente van a enfermar.

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Más peligrosa podría ser, como ya se ha comentado, la dedicación laboral en estos edificios en tareas de reparación de estructuras que contienen amianto.

Cabe citar también que el agua corriente canalizada puede contener amianto, sobre todo si ha estado depositada en contenedores de fibrocemento.

Las fibras así ingeridas suelen ser cortas, de aproximadamente 1 micra de longitud. Debe tenerse pues en cuenta la entrada de fibras de amianto de forma habitual por vía digestiva.